Reseña histórica

LA CADEDRAL DE LA SIERRA

 

Las dimensiones de la Iglesia parroquial y su ubicación en una altura dominante exterior a la población, en lugar de estar rodeada por el recinto urbano, hacen que destaque sobremanera, que atraiga la atención a viajeros y visitantes. Por sus dimensiones y su estilo, bien podría pasar por una catedral y así,  el marqués de Lozoya la denominaba "La Catedral de la Sierra". No dejará indiferente a legos ni a especialistas, que pronto descubrirán que faltan una torre, gemela a la existente y una capilla simétrica a la existente.

 

La primera iglesia parroquial, en opinión de algún experto, debió ser románica y habría ocupado el lugar de la actual, quedando dentro de ésta, cuando comenzó su construcción. Habría dos pruebas que lo podrían corroborar: la pila bautismal y la torre original, sobre la que se construyó la actual.

 

El proyecto y los planos elegidos para la construcción habrían sido los del maestro Rodrigo Gil de Hontañón, dadas las semejanzas con la catedral de Segovia, por él realizada y algún justificante de pago que se conoce. Como maestro, fue contratado Pedro de Valle. La fecha de inicio de la construcción fue 1529, según se cinceló en un bloque del muro de la esquina de poniente.

 

El interior es un gótico tardío y en el exterior pueden apreciarse paramentos lisos, correctos, trazados a regla. La amplitud de la fábrica puede parecer monótona, pero ésta queda rota con las portadas, las cornisas y la cúpula de  la torre.    

 

Nadie mejor que don Félix Martín Martín (cura párroco de Villacastín, escritor  que tuvo la paciencia de reunir un buen número de datos, procedentes de los archivos locales y que nos legó en varias publicaciones) para describir el templo en el que, durante años, ejerció su ministerio: "La gran mole de granito, de formas pesadas, pero de gran pureza de líneas, se nos ofrece en la fachada de los pies, a poniente, y en el lado norte, mientras que, siguiendo la curva de la actual carretera, puede admirarse la cabecera, de impresionantes contrafuertes, y la elegancia de los vanos con arcos ligeramente apuntados. La calidad del material granítico y la limpieza de la obra del paramento –sillares de ejecución isódoma perfecta- contribuyen aún más a brindar al espectador una primera impresión de conjunto realmente favorable. Asombro inicial que no decae si el visitante pasa a examinar el templo con algún reposo y se decide a penetrar en su interior." (Félix Martín Martín, "Villacastín", 1973).

 

Son dignos de verse la capilla de los Mexía, el retablo del Altar Mayor y la imaginería de los diversos altares bajo la espectacular bóveda de la catedral de la sierra, el coro y el órgano que espera su restauración. Sin duda, para conocer en profundidad datos de todo lo relativo a esta iglesia, es imprescindible acudir a consultar los libros de "Don Félix".

 

El 8 de julio de 1944 la iglesia fue declarada, con total acierto, Monumento Artístico Nacional.

 

El convento fue construido entre 1621 y 1632, siendo ocupado el 4 de diciembre de este último año.

 

Don Juan de Pedraza y los condes de Molina de Herrera (don Pedro Mexía de Tovar y doña Clara de Paz, su mujer) son los benefactores.

 

El paso del tiempo y diferentes obras de mantenimiento lo han preservado para disfrute de propios y visitantes. La iglesia, utilizada a diario como más íntima y recogida, está presidida por un retablo renacentista con lienzos de Santa Clara y San Francisco. A ambos lados del principal figuran la virgen de las Flores  y San Antonio.  En el arranque de la bóveda podemos distinguir inscripciones alusivas a la fundación del monasterio. En las pechinas de la bóveda sobre el altar además de diversas figuras religiosas se puede ver el escudo del conde fundador y esposa, por triplicado, por alguna razón de simetría estética. En la cripta, bajo el altar mayor, se conservan los restos de la familia  Mexía de Tovar.   

 

LA FUENTE DE SAN JUAN

 

En el casco urbano, se conservan algunas fuentes de un total de más de 22 en el término de la villa. Pero hay una en particular que, por su peculiaridad arquitectónica, merece la pena destacarse. Está ubicada en la salida de la carretera hacia Segovia. Es la fuente de San Juan. Situada entre prados en el campo,  está formada por cuatro paredes de sillares, que profundizan en el terreno. En la pared norte, destacan tres arcos de medio punto, por donde se sacaba el agua mediante cubos, para los animales o para lavar la ropa.  Al parecer, se están realizando estudios arqueológicos, no desvelados, que en un próximo futuro nos permitirán conocer su datación.

 

EL PUENTE DE LAS MERINAS

 

Ubicado en el campo Azálvaro sobre el río Voltoya, en medio de praderas extensas, lejos de núcleos poblados, de gran sencillez, que lo hace bello y atractivo. A pesar de la evidente necesidad de mantenimiento apuntado por tantas personas preocupadas por el pueblo y sus bienes, se resiste a caer. Es preciso realizar un viaje para verlo, llegando por la carretera de Ávila, al cruce hacia Navalperal de Pinares  y en el cruce Espinar- Ávila, gira  hacia el Espinar. A poca distancia del cruce y fijándose en el campo, hacia el Sur, podemos disfrutar de una obra ¿bajo medieval? Solitario y sugerente, sigue resistiéndose al paso del tiempo.

 

LAS ERMITAS 

 

En el siglo XVII  existían dieciocho salas y ermitas. De ellas, sólo cinco se encontraban en el casco urbano y el resto en el término del pueblo. En la actualidad, se conserva una pequeña muestra que coincide con las del casco urbano. Han desaparecido la de San Sebastián, San Sebastián del Hospital, San Andrés, San Bartolomé, San Juan Bautista, San José, San Roque, Santiago Apóstol, Santa Cecilia, San Bernabé, Dulce nombre de Jesús, Nuestra Señora de la Soledad y Nuestra Señora de la Concepción.

 

Esta proliferación de lugares de culto puede dar una idea de la fuerza de la espiritualidad de este lugar de Castilla.     

 

La ermita de la esclavitud del Santísimo Sacramento. Los Esclavos

 

En el casco urbano, muy cercano a la Plaza de los Caños o plaza de arriba, se encuentra este sencillo edificio, identificable fácilmente por la campana en lo alto de su fachada y el diseño sobre la puerta del símbolo de los esclavos, una S y un clavo entrelazados. Se la conoce simplemente por la ermita de los esclavos. Es la sede de la Cofradía del mismo nombre y en ella se reúnen sus treinta y tres miembros el tercer domingo de cada mes y celebran su fiesta, el domingo de Quasimodo. La fecha fundacional  parece ser 1634. Fundamentalmente tenía dos fines: uno, eucarístico, de culto al Santísimo y otro caritativo, relacionado con los difuntos y la atención a sus enfermos. 

 

LA ERMITA DEL CORPUS CHRISTI (conocida como la del Cristo del Valle)

 

Su denominación popular se debe a que la zona en que se ubica se conocía como "el Valle". Está situada a  la entrada  de Villacastín por la antigua carretera de Ávila. Tenía, en origen, tres naves y una capilla mayor y, en ésta, se conserva un antiguo y admirado artesonado.

 

En 1915 se desmanteló la cubierta, quedando sólo la parte delantera para el culto. Algunas piedras conservan las marcas de los canteros que las labraron. Está consagrada al Divino Crucificado y a la imagen se encomendaban, sobre todo, los labradores, para pedir por un clima propicio. Así se sacaba la imagen en procesión cuando había largas sequías, como la de 1773.

 

LA ERMITA DE LA SANTA VERA CRUZ

 

Existe, al parecer, desde 1497. Ocupa un espacio cercano a  las antiguas eras de la parte Sur, junto al grupo de viviendas "Virgen del Carrascal". Es un edificio largo y espacioso. Ocupa la capilla mayor la cabecera y se rematan las otras naves con los altares de San Juan y Nuestra Señora. Alberga durante el año los Santos Pasos que desfilarán en las procesiones durante la Semana Santa, por lo que se produce su traslado antes y después de aquélla. La fecha de su construcción se desconoce y la aproximación la tenemos por el año grabado en el dintel de una puerta cegada en la pared Sur, "1556".

 

LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARRASCAL

 

Construida entre 1671 y 1673. El pintor Francisco Martínez pintó el techo de la capilla de los cinco misterios, que hoy podemos apreciar en toda su belleza y esplendor. Se eleva en una ladera coronada por un gran roquedal, al que como decía don Félix Martín, se le van acercando las casas. Se llega a ella a través de un  paseo flanqueado por árboles, agradable de transitar en primavera y verano. El soportal es un lugar desde donde puede verse una extraordinaria panorámica de la parte norte del término. En su entorno se celebra la fiesta de la Ascensión, de gran tradición en la Villa.

 

LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD Y ROSARIO

 

Se encuentra en el núcleo urbano. En el dintel de la entrada puede leerse el año de su construcción, 1751, y en el tejado puede admirarse la correspondiente espadaña que acoge la campana. Albergaba  una cofradía con tal nombre. En ella, la imagen oficial  es una talla maciza de la Virgen con el niño en brazos y un rosario en la mano. En contra de la costumbre, el altar mira a Poniente. La superficie actual es muy reducida (7x 14 m.) pues parte de ella debió pagar los arreglos de lo existente. 

 

MONOLITO EN HONOR DE FRAY ANTONIO DE VILLACASTIN

 

A la entrada por la N-VI, viniendo desde Madrid y a la derecha de la carretera, podemos apreciar un sobrio monolito, en granito gris de la zona, erigido en 1944 en honor "del artífice de El Escorial", Fray Antonio de Villacastín. En esta iniciativa participaron  Aparejadores, Ingenieros Técnicos y la Corporación Municipal, como reza en la inscripción conmemorativa. El homenaje era plenamente justificado, pues la importancia del monje en la obra del Monasterio de El Escorial  fue extraordinaria, según los cronistas de la época. En la puerta de la celda del monasterio que Fray Antonio ocupó en vida, reposan sus restos mortales, pero en la memoria de villacastinenses pasados y futuros queda imborrable el recuerdo "del Artífice", que el monolito granítico se encarga de recordarnos desde hace 63 años.    

 

En el año 2005 se inauguró un monumento en la rotonda de entrada  a la Villa, por la N-VI. Tiene características similares al erigido en honor de Fray Antonio, aunque tiene el aspecto de un obelisco, y un original trabajo de la superficie de la piedra. Constituye un homenaje  de los artífices de la piedra al importante cruce de carreteras que constituye la Villa de Villacastín.