Historia

La historia se basa fundamentalmente en documentos escritos (en objetos, estatuas, entre otros). La historia de Villacastín podría comenzar a contarse pasada la Edad Media, en función de los documentos que se han conservado en los archivos de la Villa. Los agentes destructores del papel, el tiempo, el fuego, las guerras… hicieron mella en aquéllos.

 

No obstante el Archivo Parroquial dispone de una gran riqueza de fondos. No es extraño encontrar referencias a nuestra villa en documentos del Archivo Histórico Nacional, en la Biblioteca Nacional, en la de la Real Academia de la Historia, en Simancas, etc. La  consulta sistemática de documentos en los archivos referidos, aportaría luz sobre muchos episodios ocurridos en la Villa y que hoy no conocemos bien.

 

El topónimo del lugar, "Villa  Castín", ha sido objeto de diversas teorías sobre el origen más lejano. Una de ellas sostiene que, en el lugar, había una villa perteneciente al General romano Castino. Efectivamente, existió un general romano que realizó campañas militares en la Península (hacia el 422 d. C.). Se cree que aquélla estaría en el lugar denominado Stacio. Que las legiones romanas pasaron por la villa, no tendría nada de particular, pues hay  calzadas cercanas, y por el lugar pudo haber alguna de categoría secundaria. La aparición de alguna moneda podría datar mejor lo referido, pero esto no está aún bien documentado.

 

Del índice de la colección de don Luís de Salazar y Castro, Tomo 40, hay la siguiente referencia a Villacastín :

 

 1) Extractos, privilegios y donaciones del Monasterio de Benevivere.

 

 2) (Donación) Otra de Diego Martín que se dice fundador del hospital de Benevivere en que da a dicha Iglesia el lugar de Santiago de Tola, San Martín de Modras, Villacastín y otros .  Su fecha en Benevivere era 1214 (año 1176).     

 

En el Tomo 41 de la referida colección:

 

Escritura de donación de una heredad en Villacastín, otorgada por Fernando Hermildez, a favor del Monasterio de San Andrés de Valvení. Era 1133, VII de noviembre (año 1095, sep, 7 O-8 hojas 138v y 139).

 

Pedro L. Siguero publicó en 1999 un libro sobre el significado de los nombres de los pueblos de Segovia. En la relación el autor toma como referencia a un catálogo de pueblos para el reparto de rentas eclesiásticas realizado en 1274,  en el que figura  "Villa  Castín". Para el autor, el significado del nombre puede ser "Villa del Castillo", ya que "Castín" o "Castil" es lo mismo que castillo, derivado del latín castrum, que significa campamento fortificado.

 

En 1284 hay constancia de que el Rey sancho IV ensanchaba el Alfoz del pueblo. El 18 de enero de 1445 moría en Villacastín María de Aragón, reina de Castilla (1420-1445). Hija de Fernando I de Aragón y de Leonor de Alburquerque, primera esposa de Juan II de Castilla, madre de Enrique IV de Castilla, su  cadáver, cubierto de manchas, dio lugar a  malignos rumores y fue trasladado  al monasterio de Guadalupe para su enterramiento  (Dic. Espasa Calpe).

 

En 1450, el poblado de Navalpino, uno de los diez núcleos existentes en el término en 1247, se unía al de Villacastín. Por entonces, el Monasterio de Santa María de Párraces era uno de los mayores propietarios de suelo en Villacastín, junto con el Cabildo Catedralicio y el Convento de Sancti  Spiritus  de Segovia.

 

Como cualquier núcleo de población, por pequeño que sea, Villacastín disponía de una iglesia parroquial, de la que se desconoce la fecha de construcción.  Se sabe  que ocupaba el lugar de la actual. De ella se conserva la pila Bautismal y, al parecer, a falta del estudio de algún especialista, la torre original quedó dentro de los sillares de la iglesia actual. Parece que el estilo de aquélla, habría sido románico.

 

En junio de 1473 se produce un hecho importante; se congregaban en Villacastín los procuradores de la Hermandad General del Reino, con el fin de redactar una serie de leyes, tendentes a la creación de una nueva Hermandad General, capaz de  contrarrestar el crimen, la pérdida del principio de autoridad y la relajación de costumbres que se había producido durante el reinado de Enrique IV. Estas leyes, originadas por unas Cortes poco concurridas, se conocerían con el nombre de "Leyes de Villacastín". Fueron refrendadas por el rey y sirvieron para constatar que el monarca contaba con algunos nobles leales. Las leyes de Villacastín, si bien la muerte del monarca no permitió su puesta en marcha, sirvieron como antecedente básico para que, tres años más tarde, los Reyes Católicos creasen la famosa Santa Hermandad Nueva. En definitiva, quedaron constituidas en un exordio y nueve Capítulos que regulaban la Santa Hermandad ("Creación de la Hermandad General", J. Mª Navarro Sainz).

 

En 1529 se iniciaban los trabajos de construcción del actual templo parroquial, que se extenderían inicialmente hasta 1576, continuando en años posteriores la construcción del retablo. Era frecuente  encontrar personas que se asombraban al ver una iglesia tan grande, en relación con el tamaño del pueblo. Hoy en día, pienso que sus proporciones siguen llamando la atención de viajeros y visitantes.

 

En 1533, poco después de iniciada la construcción del templo, según documentos del archivo de Simancas, había 705 vecinos "pecheros" en el lugar. 

 

El valenciano  Pedro Juan Villuga publicaba en 1546 la obra conocida como El Repertorio de Villuga,  en el que se reflejan todos los caminos y rutas existentes en aquel momento en España. En el numerado con la cifra 19, figura Villacastín: "Ruta principal de Toledo a Valladolid con dos ejes principales, el del río Guadarrama por El Espinar -Villacastín-Cobos-Palazuelos…"

 

En el Tomo 44, S-22 del índice de la colección Luis de  Salazar y Castro figura:

 

70.225.- 1: Cláusulas de Mayorazgo/ fundamos Alonso Messia y Doña Jerónima de Tovar  nº 1 del árbol, escritura otorgada en Villacastín 27/IX/ 1551, Diego García, Escribano público de Villacastín (19 hojas en folio, s.1…S-22).

 

En el siglo XVI Villacastín era un núcleo rural densamente poblado; se considera  una época de gran avance y esplendor. El 30 de septiembre de 1574 Santa Teresa, camino de Ávila, pernoctaba en Villacastín. Venía de  fundar un convento en Segovia y pernoctaría en otras ocasiones, a lo largo de su vida.

 

En 1596, según informe del Alcalde don Juan Tovar Bañes, el lugar tenía 1.000 vecinos y por entonces, quedó definido el término municipal, tal y como hoy lo conocemos.

 

No obstante, personas y tierras dependían de la Comunidad y tierra de Segoviadentro del Sexmo de San Martín. Se regían por ordenanzas para el nombramiento del Concejo Local, pero la administración de justicia dependía de Segovia.

 

Según el famoso cronista  Colmenares, Segovia era famosa en el mundo por sus finísimos paños. Pues, a tenor de lo que manifiesta Ángel García Sanz, "Desde mediados del siglo XVI, Villacastín se convierte en un gran almacén de lanas mayores, en los meses de junio y julio de cada año. Los importantes ingresos  derivados de la lana son exclusivamente para el reducido número de vecinos ganaderos, pero el hecho de la presencia en el lugar de importantes contingentes de lana fina posibilita  que otras capas más numerosas  de la población se beneficien mediante la utilización  de la lana como materia prima", Villacastín contribuía en gran medida a la merecida fama de los finísimos paños de Segovia y deja entrever la importancia de esta industria en la Villa. Félix Martín,  señero cronista de la villa, sostenía que "los vecinos se sustentaban con las lanas". Los ríos del entorno Cardeña o Rioviejas, Piezga, Santa Cecilia y Tijeras, vieron instalarse en sus riberas tintes, molinos, batanes, balsas, lavaderos… Aún hoy día, quedan restos muy deteriorados de aquella  importante industria.  Por las cañadas pasaban gran número de rebaños, además de los existentes en el lugar. El esquileo de las ovejas, el lavado de lanas en los diferentes lavaderos (las balsas), la preparación de los tintes, regulados al efecto por un juez de tintes, eran ocupaciones normales y productivas para el lugar.

 

Pastores, esquiladores, aportadores, pelaires, bataneros, tundidores, tintoreros y tejedores eran los oficios más habituales. Añadir ganaderos, mercaderes, nobles y religiosos y tenemos los diferentes estamentos sociales.

 

En el lugar existió un convento de frailes Franciscanos en 1598. Como consecuencia de la desamortización, en 1835 se fue arruinando, quedando hoy ciertos vestigios del mismo.

 

Se conoce La Cédula Real de Villacastín, del 28 de septiembre de 1608 (que confirmaba la disposición adoptada por la de 31 de octubre de 1580 por la Audiencia de Guatemala), en la que se establecía la jurisdicción administrativa, judicial y religiosa de las autoridades españolas. Este rastro documental, nos muestra que el rey Felipe II la firmó aprovechando su estancia en la Villa.

 

En el siglo XVII, el 2 de septiembre de 1626, el rey Felipe IV otorgó un mandato por el que se dispensaba a Villacastín de la jurisdicción de Segovia, haciéndola villa independiente, a cambio del pago por cada vecino de 15.000 maravedíes o 5.600 ducados por cada legua que ocupase su término. La medida, conducente a sanear la hacienda real, concedía así el término de villa al lugar de Villacastín.

 

Sobre este importante hito en la historia del pueblo escribió José Luis Bermejo Cabrero, un trabajo titulado Villacastín, de aldea a Villa, que vio la luz en 1972 en el nº 70 de Estudios Segovianos. El autor reflejaba, a lo largo de su exposición, la extraordinaria importancia del texto, lo bien conservado que está y la importante aportación del mismo al entonces poco desarrollado campo de los documentos de concesión. José Luis Bermejo, natural de Villacastín, es Catedrático en la Universidad Complutense y autor  prolífero.

 

El convento de las Clarisas, que en la actualidad se conserva tras importantes trabajos de mantenimiento, data de 1632 y fue costeado por don Juan de Pedraza y posteriormente, al faltar éste, se hace cargo el Conde de Molina.

 

Paso de tropas:

 

A tenor de lo expuesto, a lo largo de la historia,  el camino de Castilla que desde el Guadarrama permite acceso a Castilla la Vieja, ha condicionado la vida de la Villa, pues el rastro documental nos recuerda, constantemente, el paso por ella  de personajes históricos y de tropas.

 

Las vías terrestres permiten a los ejércitos desplazarse con rapidez, pero las poblaciones sufren las consecuencias del alojamiento, la alimentación y las exigencias que aquéllas pudieran presentar a su paso.

 

Que el tránsito de tropas era temido, lo demuestra el hecho de que Villa Castín había conseguido una Real Cédula a su favor que desde 1510 impedía el alojamiento de aquéllas en el lugar.  En 1590, el Capitán de "Los cien Continuos", don Antonio de Luna, pretendió alojamiento en el lugar y le fue recordado el privilegio. En 1599 volvió a confirmarse: "Por servicios que hicieron a los señores Reyes Católicos, mis padres, les hicieron merced de liberarle de aposento y alojamiento de las Guardias de Castilla y Continuos, perpetuándose así de asiento como de tránsito."

 

Pero el tiempo y las guerras se encargaron de dejar en desuso el privilegio, hacia 1625, poco antes de convertirse en Villa el lugar.  

 

El 16 y 17 de junio de 1706, en plena Guerra de Sucesión, acampaba en las inmediaciones de la Villa la caballería de Su Majestad, alojándose en el casco urbano muchos cabos y oficiales. Los víveres para las tropas y el grano para los caballos fueron a costa de la villa.

 

La tragedia estallaría al día siguiente, 18 de junio, con la llegada del ejército enemigo que quemó molinos, batanes y el material y herramienta del  lavadero de lana, dejando, además, el pósito vacío.

 

Un siglo después, la guerra de Independencia pone sobre los difíciles caminos de España ejércitos franceses, ingleses y autóctonos, que van a transitar por aquéllos, viviendo sobre el terreno. Esto va a provocar  penalidades sobre la población, que perduraría muchos años después de terminada la guerra.

 

Ya en enero de 1808, el general Dupont, que está en Valladolid con 24.000 infantes y 3.500 de caballería, exigía suministros por toda la provincia, siendo Villacastín uno de los centros colectores. Los cupos de bueyes, caballerías, carretas, etc., esquilmaron los pueblos segovianos, siendo imposible atender a los cupos establecidos. El desaparecido hospital de la villa alojará entonces al Capitán francés Comte y a 96 soldados, a los que hubo que dotar de enseres. Esta guarnición se hizo  cuidar a cuerpo de rey. Además, ocuparon la sala consistorial, y sus miembros debieron realizar sus cometidos en otro lugar.

 

El 20 diciembre de 1808, el emperador ordenaba al mariscal Ney ponerse en marcha, para enfrentarse a los ingleses del general inglés Moore. Aquél movilizará a 42.000 hombres (de ellos 8.000 jinetes), que pasarán,  en su mayor parte, por la Villa de Villacastín. Un sacerdote local afirmaba que, en 8 días, habían pasado por el pueblo 60.000 hombres. La persecución de los ingleses había comenzado. El marqués de la Romana envió una importante carta al general Moore, en la que cuenta que un confidente le ha informado del movimiento de las tropas francesas y en la que le comunica su intención de seguir informándole de los movimientos de aquéllos, para que el inglés tome sus medidas y le dice textualmente: "…Las tropas enemigas se mueven en esta dirección, si la persona que ha dado la noticia no llegase el mismo día, él mismo iría a Villacastín, a 15 leguas de Madrid, para observar los caminos…" (S. H. M. Op cit. P205).

 

Napoleón en Villacastín. Atentado frustrado:

 

El 22 de diciembre, a mediodía, partía el Emperador hacia las tropas que estaban en marcha. El propósito de aquél era pernoctar en Villacastín, pero un violento temporal de nieve se lo impidió. No obstante, el emperador desfiló a lo largo de la División Lapisse, poniéndose a la cabeza. Los insultos y amenazas de sus soldados no le amedrentaron y en cabeza, pie a tierra, marchó tras los caballos, sirviendo de guía. El 23 salía hacia Villacastín, alojándose en una casa de la calle Real, hoy en día residencia del cura párroco. "...Antes de abandonar San Rafael, Napoleón tomó las medidas necesarias para activar la marcha…el emperador trasladó su cuartel general a Villacastín donde se le incorporó la infantería de la Guardia… Napoleón permaneció toda la mañana del 24 en Villacastín esperando noticias de Ney,  que tardaban en llegar… a primera hora de la tarde se trasladó a Arévalo". (S. H. M. "Guerra de la Independencia" p. 204-208).

 

 La tradición oral, que yo conocí siendo niño, había sido escrita y publicada por don José Sabas de Becerril  en 1882, en la obra titulada Páginas del Alma. De generación en generación, se transmitió que el Emperador estuvo a punto de sufrir un atentado. Un tal "Tío Grillo" le habría tenido a tiro, en la parte posterior de la casa, que tiene un patio, pero fue descubierto casualmente por el dueño de la casa, que impidió que el criado disparase. Al respecto, José Montero Padilla escribió en "Estudios Segovianos" un trabajo titulado Napoleón en Villacastín  y, el que suscribe, en la revista "Dragona" publicaba Atentado frustrado contra Napoleón en la Villa segoviana de Villacastín, un intento de reconstrucción del mismo.

 

Guerrilleros en Villacastín :

 

El domingo 17 de noviembre de 1811, el nº 321 de la "Gaceta de Madrid", página 1.330, publicaba la noticia de que el gobernador de la provincia de Segovia había emprendido una serie de acciones guerrilleras y explicaba: "El Capitán Tabard, comandante en San Rafael, yendo con 80 hombres por orden del mismo general, en busca de víveres, encontró el mismo día 9 en Villacastín a las cuadrillas del "Puchas" y "El Cocinero", compuestas de 350 caballos; las atacó y les mató 10 hombres, hiriéndole más de 30 y volvió a entrar en San Rafael sin más desgracias que haber sido heridos ligeramente tres soldados y haber perdido sus caballos en la acción, los dos oficiales…"

 

PERSONAJES ILUSTRES NACIDOS EN VILLACASTÍN

 

Las personas son el alma y la vida de las poblaciones, que progresan, se construyen, se engrandecen gracias a la inteligencia, trabajo y  sacrificio,   generación tras generación. Cuando por razones diversas, tienen que marchar a ejercer cargos y cometidos o a buscarse la vida a lejanas tierras, se llevan la impronta, la influencia del rigor del clima, de la sobriedad de las tierras de este ancestral lugar castellano. El número e importancia de éstos puede darnos una idea del potencial humano de la población.

 

FRAY ANTONIO DE VILLACASTÍN

 

Nació en Villacastín en 1512. Se distinguió por ser el aparejador durante toda la obra de El Escorial ("el alma de todo lo que en El Escorial se hizo"). Dijo de él Fray Jerónimo de Sigüenza en Historia de las cosas notables, 1584-1603: "Fray Antonio es hombre de mucho pecho, pues él solo ha dado calor para que ésta máquina y octava maravilla del mundo esté en la perfección que hoy la vemos".

 

Escribió Fray Antonio Memorias de San Lorenzo El Real, que reviste gran importancia, dado que dirigió la fábrica de El Escorial desde sus comienzos hasta que, por sus manos, colocó ante Felipe II, la última piedra. En la Instrucción de 1572 para gobierno general y económico de la fábrica de El Escorial, en el art., 2º decía así: "…Y cuando se trate de cosas tocantes al edificio harán llamar para que se halle presente a fray Antonio de Villacastín."

 

Fray Antonio dirige la importante reforma, realizada en la segunda mitad del siglo XVI, en la iglesia de su pueblo natal. Encomienda la traza de la iglesia a García Alvarado, según consta en los libros parroquiales. Él dirigió las obras desde El Escorial, asistiendo varias veces a Villacastín para inspeccionar la marcha de los trabajos.

 

La Federación Nacional de Aparejadores, Asociación General de Ayudantes de Ingeniería y la Villa realizaron el 2 de julio de 1944 un acto de homenaje con un monumento a su memoria.

 

EL PADRE RIBERA, 1550 .

 

De la familia Francisco y Gabriel de Ribera, perteneció a la Compañía de Jesús y escribió sobre la vida de Santa Teresa. 

 

MIGUEL MORENO

 

Fue Secretario de Felipe II, orador elocuente y Notario del Consejo Real y autor literario: La desdicha de la constancia y El curioso amante. Murió en Roma, en 1635. Fue  "hombre de profundo talento y erudición", según figura en los libros parroquiales.

 

ALONSO MEXÍA DE TOVAR 

 

Nació en Villacastín en octubre de 1561. Hijo de los condes de Molina de Herrera. Su hermano mayor, don Pedro Mexía de Tovar, fue consejero de Hacienda de Felipe II, Felipe III y Felipe IV y Mayordomo Mayor del Infante Cardenal don Fernando. Ordenado sacerdote, obtuvo la abadía de Villafranca (diócesis de Astorga) y después la capellanía mayor de las Descalzas Reales de Madrid. Fue presentado por el rey para  el obispado de Mondoñedo. Después de tres años, pasó a ser obispo de Astorga, donde murió en 1636 a la edad de 75 años. En el Archivo de la catedral de Segovia se conservan dos tratados suyos: De vera et falsa gloria y De Perfecto concionatore ethiis quae ad recte et perfecte concionandum spectam. Fue impreso en 1624 y dedicado al Conde Duque de Olivares. Está sepultado en la iglesia parroquial, en la capilla de la Concepción, al lado de la epístola.

 

FRUTOS DELGADO GONZÁLEZ 

 

Nacido en 1626, fue miembro del Consejo de  Su Majestad, siendo el oidor más antiguo de la Audiencia de la ciudad de Nuevo México, gobernador y Capitán General de la provincia de Yucatán, Campeche, Consumel y Tabasco.

 

SOR ANA MARÍA DE SAN JOSÉ 

 

Nació en Villacastín el 6 de enero de 1581. En 1627 fue elegida abadesa del convento de franciscanas descalzas de Salamanca, donde murió en opinión de santidad el día 14 de mayo de 1632. En 2002 la Asociación Socio Cultural STACIO de la Villa, publicaba  un breve resumen de su biografía y obra literaria. De ella resaltamos una cita de  sor Ana:"Nací en una aldea del obispado de  Segovia, llamada Villacastín. Mis padres fueron virtuosos, gente llana y de limpio linaje, y ellos se preciaban de ello y yo también". 

 

FRAY MAURO DE TOVAR 

 

Natural de Villacastín. Religioso de la Orden de San Benito, en 1639 fue Obispo de Venezuela.

 

BONIFACIO DE BLAS 

 

Nacido en 1820 en Villacastín  llegó a ser ministro de Estado y representante de España en los Países Bajos.

 

VILLACASTINENSES EN EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

 

Mención especial merecen los villacastinenses que, entre 1492 y 1577, participaron en el Descubrimiento de América. Francisco Fuentenebro Zamarro escribió en 1991 la obra titulada Segovianos en el descubrimiento de América (1492-1577). En las páginas 293 a 296 podemos consultar la lista de 22 nombres de naturales de Villacastín que, en palabras del Emperador Carlos V, participaron en "la mayor cosa después de la creación del mundo sacando la encarnación y muerte del que lo crió, es el descubrimiento de las Indias".

 

Según el autor, debido a la floreciente situación geográfica e industrial de los segovianos a finales del siglo XV, no eran los más dados a embarcarse en tan difícil y arriesgada empresa. La mayoría procedía de la gente del pueblo o de la pequeña nobleza y les movería seguramente la idea de mejorar su condición social y material.

 

FRANCISCO HERNÁNDEZ PIZARRO

 

Nació en 1550 de padres hijodalgo notorios. Pasó a Chile en la flota del general  Losada, que partió de Sanlúcar de Barrameda en 1577. Le acompañaron  dos hermanos. Muy valeroso, fue nombrado Capitán participando en hechos muy destacados. Construyó el fuerte de la isla de Moquegua.

 

ANDRÉS HERNÁNDEZ PIZARRO

 

Nacido en 1556 y, hermano del anterior, fue a América "con buenas armas". Entró en la guerra de Arauco y murió en combate.

 

DIEGO LUCAS

 

Escribano de Su Majestad. Pasó a Nicaragua  con el Gobernador Contreras en 1535.

 

FRANCISCO DE MADRID

 

Llegó a Venezuela en 1534 con la expedición de Jorge Spira. En 1564 participó en la expedición de Alonso Bernáldez. De sus descendientes nació Simón Bolívar, libertador de Venezuela.

 

FRANCISCO VILLACASTÍN

 

Acompañó a Gonzalo Pizarro en el año 1548. Al finalizar la rebelión, Francisco de Villacastín recibió un repartimiento por cédula del marqués de Pizarro de gran extensión e importancia.

 

VILLACASTÍN EN LA LITERATURA

 

IGNACIO B. ANZOÁTEGUI(1905-1978) 

(Antología poética- Col. Austral-nº 1.124)

 

"Mesonera de Castilla"

Mesonera la que sabes

Que me dijiste que sí

¡Quien me diera, mesonera

besarte en Villacastín

(Villacastín, ese pueblo

entre Medina y Madrid)

Mesonera, la que sabes

Que me marché por que sí

Mesonera ¡quien me diera

Morir en Villacastín!

(Villacastín, ese pueblo

entre Medina y Madrid)

          

DIONISIO RIDRUEJO (1912)

En su obra Castilla la Vieja. Segovia (1981) anotaba:

 

" Después del Espinar empieza el encinar, raro aún o ruinoso, y se ven por el campo los grandes bloques sueltos de granito, descarnados, redondeados, colosales, que señalan la proximidad de la sierra  de Ávila y que parecen reliquias de una guerra infinitamente más antigua: la de los gigantes prediluviales que nunca existieron y cuya mano habría tenido, de existir, el tamaño de estos guijarros, altos como casas, Villacastín es un pueblo pequeño con una iglesia enorme, maravillosamente trazada  por Rodrigo Gil en el estilo inconfundible de la catedral de Segovia ".

 

FÉLIX MARTÍN MARTÍN

(Cura párroco de Villacastín y escritor especializado en temas sobre la Villa)

 

Conozco yo un rincón junto al Cardeña

Donde puso natura sus primores

Murmullos y silencios habladores,

El nido que en lo alto de una peña

 

Sobrevuela pacífica cigüeña

Pinceladas de azul en los alcores,

En Fresneda los gritos de los pastores,

Ahí el cauce de la antigua aceña.

 

En el Huerto se apura ya la tarde,

Se cimbrean los chopos del molino,

Unas vacas desandan el camino,

 

Y el sol, tea gastada, apenas arde,

Mientras, libre de cauces que la roben,

El agua se desliza siempre joven.

(Villacastín-1999)

 

CARLOS BARRAGÁN

(Natural de Villacastín)

 

"A mi  pueblo" (1982)

Villacastín, Castilla, tierra mía

Sendero de horizontes y paisajes;

Azules compañeros tus celajes

Que al rastrojo refrescan de poesía

 

Allí pueblos, campana, lejanía,

Y labriegos de mulas y atalajes.

Son blasones de historia tus ropajes

Y el silencio del campo tu armonía.

 

Villa de mi sierra, albor de infancia

Que se pierde en los vuelos de mi vida

Con el soplo del viento y la distancia.

 

Al estío retorno con mi herida

De ausencia añorando la fragancia

Que ha dejado la hierba recogida.